En este punto del verano, la vid entra en una de las etapas más importantes de su ciclo: el envero. Este el momento en que las uvas comienzan su maduración y los racimos se transforman poco a poco. Cada variedad va adquiriendo sus tonos característicos, al tiempo que la acidez empieza a equilibrarse.
Además de ser visualmente muy llamativa, esta etapa marca el inicio de un proceso decisivo para la calidad de la futura cosecha. La planta concentra ahora sus esfuerzos en el desarrollo del fruto, mientras el viñedo continúa adaptándose al ritmo de la naturaleza.
Podemos finalmente observar cómo el trabajo y los cuidados de los meses anteriores se reflejan en cada racimo, recordándonos que la vendimia está cada vez más cerca.

